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El Abogado Católico está llamado a la acción virtuosa social y razona en una ÉTICA no concebida como un simple sistema normativo, que puede ser opresivo, esclavizados y represivo, es antes que todo una persona llamada a conducir su vida cotidiana y profesional en libertad; ya que cuando el hombre elige una profesión, le urge aún más que nunca reconocer la trascendencia de la ÉTICA, pues persigue, busca y reconoce los parámetros necesarios para conducir y dirigir su quehacer, ya que todo el profesionalismo de su existencia está dirigido primero a prestar un servicio calificado en base a sus conocimientos y al mismo tiempo con ellos para servir a todos.

El Abogado Católico es un auxiliar de la justicia, inclinado por vocación a servir a los demás para el bien de los fines esenciales de este valor al que debe auxiliar en todo momento y en cualquier circunstancia. Con todas sus fuerzas, con todo su amor, su dedicación, su voz y su inteligencia debe confluir al constante amparo de la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo que le corresponde y exige.

La justicia no es un sencillo dar, es una voluntad que conoce, delibera y exige lo que a cada uno le corresponde, es la intención evidente, una inteligencia con decisión firme. Es también la firmeza constante que en cada instante mueve la estructura cuando reconoce que ella clama su ayuda, es una virtud.

La justicia alimenta la inteligencia del Abogado y por ello está llamado a ser el auténtico vigilante de los que no saben cómo disponer de ella, y por este motivo esencial ha sido denominado por naturaleza su Auxiliar. La justicia recta somete a todos los vicios, vence la ira más ardiente, y así, ninguna prueba de grandeza es más firme que hacer frente al injusto.

El alumno y Abogado de la Universidad Católica persigue la justicia reconociendo que no hay sociedad sin derecho, no hay derecho sin jueces, no hay jueces sin independencia, no hay independencia sin responsabilidad, no hay responsabilidad sin garantía y no hay garantía sin respeto a la función de la justicia, pues sin justicia la sociedad duraría lo suficiente como para que se destruya.

El estudiante de derecho de la facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas es formado para ser llamado a responder desde cualquier lugar y en todo momento, e impedir que la sociedad humana en nombre de la justicia se rija por los instintos, porque es nuestro deber académico perseguir la virtud justa, evitando la demagogia - para tener el coraje - de afirmar los cuatro puntos cardinales de la verdad jurídica: conocer el derecho, hacer la justicia, buscar la equidad y reconocer la verdad última espiritual.

Ya los romanos con toda fortaleza expresaban este ideal: “Aunque otros ocupen los primeros puestos y a ti la suerte te haya colocado en la reserva, milita desde allí con tu voz, tus arengas, tus ejemplos, tu espíritu: pues, incluso cuando le han cortado las manos, encuentra en la batalla qué aportar a su partido el que –a pesar de todo- se mantiene en pie y ayuda con sus gritos”. Por estos motivos “la tradición de formar a los mejores” permanece en la esencia de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomática de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” y en esta misión se ostenta el título de Abogado.


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